ENDGAME DE MEGADETH

sábado, 7 de noviembre de 2009




Cuanto más altas las expectativas, más fuertes suelen ser las decepciones. Era un temor que tenía respecto de Endgame, un trabajo que desde mucho tiempo antes que saliera ya arrastraba consigo una pesada carga producto de las expectativas que todos forjabamos de forma gratuita sobre el y que aludían a diversas razones, entre las que se cuentan, principalmente, la llegada de Broderick a la banda, los adelantos “Head Crusher” y posteriormente “1,320º”, y las entrevistas de Mustaine, en donde siempre manifestó lo entusiasmado que estaba con los nuevos temas, con la forma de tocar de Broderick, que los cortes gustarían a los fans de la vieja escuela y un montón de otros “voladores de luces” que lanzaba.

Pues bien, luego de una espera que se hizo casi eterna, por fin tenemos a nuestra disposición Endgame, la nueva placa de Megadeth, ante lo cual lo primero que debo decir (y sin muchas dubitaciones al respecto) es que se trata de un excelente trabajo. Eso si, mis ilusas aspiraciones no fueron satisfechas ciento por ciento, pero es cierto, eran sumamente ilusas, ya que tras escuchar los adelantos “Head Crusher” y “1,320º” llegué a pensar que de verdad se trataba de un “regreso” al sonido de los primeros noventa o incluso ochenta, lo que por supuesto no es así, sin embargo, guiños hacia el pasado hay en el transcurso de casi toda la placa. De todas formas, el que no se trate de un álbum de “aquellos” en ningún caso resta méritos a lo que actualmente esta haciendo Mustaine con su banda. Por lo mismo, dejemos de lado esos años (que claramente no volverán) y analicemos el presente de Megadeth, una banda consagrada, que posee un séquito fiel de seguidores incondicionales (en todas sus épocas) y que luego de trabajos que en mi caso particular considero olvidables, como son Risk y The World Needs A Hero, ha sabido sobrevivir, reinventarse y repuntar gracias a la genialidad/locura de un tipo como Mustaine, y entregarnos trabajos que sobrepasan por lejos la media impuesta por bandas contemporáneas que mejor no nombraremos para no herir suceptibilidades.

Este nuevo álbum cuenta con 11 cortes y se extiende por casi 45 minutos, la duración perfecta para una placa de estas características, ya que habla de temas directos, “al hueso”, lo que queda clarísimo desde la primera pista, Dialectic Chaos. ¿Hace cuanto tiempo que Mustaine no comenzaba un disco con una instrumental? bueno, desde el So Far… y precisamente es dicha placa la que se viene a la mente al oír esta intro, que si lo miramos desde la perspectiva de que se trata de un simple precalentamiento para lo que se viene, hay que decir que cumple la función a cabalidad, ya que los ánimos quedan por las nubes para recibir al primer asalto, el que para esta ocasión lleva por título This Day We Fight!. ¡Thrash!… ya quiero ver cuando toquen este cañonazo en vivo. Obviamente se trata de un riffarama veloz y potente, que incluso llega a recordar sutílmente -en algunas partes de las guitarras- a Destruction, pero de todas maneras la marca registrada de Mustaine queda patente a lo largo de toda la canción.

44 Minutes baja un poco las revoluciones, trae algunos riffs potentes y un final intenso, pero al tratarse básicamente de un mid-tempo la cosa decae un poco luego de la tremenda partida que dan los dos primeros cortes, sin embargo, 1,320′ se encarga de poner todo cuesta arriba nuevamente, con un comienzo notable y acelerado (que por momentos me transporta a los tiempos del So Far…). El único detalle de este tema es el cambio de ritmo con la batería, probablemente sea un tontera mía, pero bajenle el tempo un poco y tienen el cambio de ritmo de Seek & Destroy. De todas formas la canción termina con una magistral lección de guitarra que hace olvidar cualquier cosa.

Bite The Hand, quinto en la lista, es un cañonazo “heavymetalero” con un leve aire al Countdown To Extinction (en lo personal algunos riffs me recuerdan a Skin O’ My Teeth durante los fraseos). Nuevamente un trabajo extraordinario de la dupla Mustaine-Broderick en la parte final, tanto en los solos como con esos riffs “ochenteros” -similares a los ya utilizados para Back In The Day en The System Has Failed- y notable también la labor de Drover tras los tarros. Bodies se mantiene dentro de los mismos parámetros de su predecesor, esta vez un poco más lento, pero la línea del Countdown continúa marcando presencia, salvo por el cambio de ritmo y los, nuevamente, notables solos de guitarra terminando la canción, de hecho es como si hubiesen reservado los finales de cada tema para lanzar lo mejor en cuanto a solos se refiere. Endgame parte como un mid-tempo con riffs pesados (otra parte de Skin O’ My Teeth se me viene a la mente) para luego cambiar a algo un poco más rápido; nuevamente notables los solos durante aquella parte instrumental que, para esta ocasión, es comparable con la parte final de Hangar 18… y creo no estar exagerando.

El octavo corte, The Hardest Part of Letting Go… Sealed With a Kiss, hasta por el nombre debió haber quedado fuera de esta placa… bueno, no es para tanto realmente, pero sí que escapa a la línea general del disco. Parte con unas guitarras acústicas “muy lindas” para todo lo que habíamos oído anteriormente, para luego, cercano a los 2:00, cambiar de ritmo con unos riff galopantes nada malos (salvo por los teclados), tornándose por momentos en algo bastante interesante, hasta que volvemos otra vez a las guitarras acústicas, para luego diluirse, probablemente, en el olvido junto a esa batería de corte marcial. Luego de este, podríamos llamarlo “impasse”, llega la poderosa Head Crusher, corte que la primera vez que escuché no me gustó mucho, pero que, sin embargo, es de esos temas que cada vez que lo escuchas te gusta más y probablemente al cabo de unas oídas no podrás sacarte el pegajozo coro de la cabeza. Sin duda una de las pistas más intensas de este álbum.

How The Story Ends es uno de los cortes más melódicos del disco, con muchos y muy buenos riffs y un coro que probablemente se te contagiará con un par de oídas; si te gustan los temas más melódicos y pausados, como aquellos que podemos encontrar en álbumes como Youthanasia o Cryptic Writings, de seguro este se convertirá en uno de tus favoritos. El final llega con The Right To Go Insane, un corte más lento, pero no menos intenso, principalmente debido al potente riff que parte de la mano de Lomenzo iniciando el tema y que luego se covierte en el riff principal; lo adorna un coro “oreja” nuevamente, por lo menos durante su primera parte, ya que a partir de los 3:00 aprox. la velocidad cambia hacia algo más rápido, dejando la pista libre para la formidable labor en los solos de la dupla Mustaine-Broderick, que por enésima vez se lucen en esta placa.

Seguidores o no seguidores del colorín, fanáticos o no de la banda, creo sinceramente que nadie está en condiciones de decir que este es “simplemente otro álbum” de Megadeth. No es tan simple. Este disco marca un claro reencuentro con lo mejor de la historia de esta agrupación, hay temas para todos los gustos, que recorren todas sus épocas, pero que sin embargo, y a pesar de todas las comparaciones que podamos hacer, suenan frescos, suenan actuales, y aún más importante, es que suenan a Megadeth, sin experimentaciones extrañas e innecesarias, es un disco directo, In Your Face! dirían algunos. Probablemente, entre los mejores del año.

RESEÑA POR: WATCHTOWER

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